¡Hola! Soy Pablo Nicolás, alumno de 4.º de ESO del colegio Echeyde La Laguna, y les voy a contar mi experiencia en el campamento del proyecto Motor de Ciudadanía Activa (MCA).
Se trata de un proyecto que busca activar e impulsar la participación de las personas jóvenes como agentes de ciudadanía activa, con el fin de promover y dinamizar la participación efectiva y democrática de los sectores implicados en la enseñanza no universitaria. En él se apuesta por promover y apoyar el papel activo del alumnado en la educación, de forma que se sienta autor de la construcción de su bienestar personal y social. En pocas palabras, este proyecto selecciona a jóvenes capacitados y les proporciona las herramientas necesarias para difundir en sus respectivos centros las enseñanzas y los valores clave para convertir a los jóvenes en ciudadanos conscientes y comprometidos con el cambio.
Entre las distintas acciones que se desarrollan en este proyecto destaca la participación en el campamento que se celebra en El Garañón (Gran Canaria). Sobre mi experiencia en este campamento, me gustaría destacar que cuando llegué estaba súper nervioso. De hecho, no tenía muchas ganas de ir, y hay que decir que el momento de la llegada es bastante chocante. Ves a la gente llorando, gritando y dándose abrazos, y te sientes ajeno a toda esa situación. Oír a quienes estaban en su último año diciendo lo mucho que iban a echar de menos todo aquello se sentía extraño. Yo pensaba que tenían que estar medio locos: un campamento de cuatro días en el bosque no podía ser para tanto, por muy chulo que fuera. Qué equivocado estaba…
Con el paso de las horas todo se volvió más calmado. Nos asignaron nuestras cabañas y nuestros grupos de trabajo y, tras la cena, nos tocó la velada, en la que nos reuníamos y hacíamos juegos. Algunos eran más raros que otros, pero todos tenían el objetivo común de conocernos. Después de la velada ya notaba algo; aún no sé describirlo, pero sin duda era algo increíble.
El campamento tiene el lema: «Somos Magia». La primera vez que lo escuché me sonó absurdo, pero con el paso de los días me di cuenta de que ese “algo” era, en definitiva, magia. En esos cuatro días fui capaz de superarme, de ampliar mi punto de mira y de confiar en gente en la que quizás nunca hubiera confiado. Pero, sobre todo, fui capaz de crecer. Durante el campamento me di cuenta de que no solo te dan las herramientas para enseñar a otros, sino también la posibilidad de enseñarte a ti mismo. Te obligan a crecer de la mejor manera posible, haciéndote ver y descubrir cosas sobre uno mismo y su entorno.
Este campamento fue, sin duda, una de esas experiencias que te dejan sin aliento; esas experiencias en las que piensas cuando te vas a acostar o cuando estás pasando un mal momento. Incluso después de todo esto, no se puede explicar el sentimiento que tengo en el pecho cada vez que me acuerdo de él. Es algo que todo el mundo debería vivir, porque no solo te cambia, sino que te hace darte cuenta de las cosas que pasamos por alto y de lo importantes que somos para nuestro futuro.
Pablo Nicolás, alumno de 4.º de ESO de Echeyde La Laguna